He estado rememorando mis impresiones sobre la Exposición de pintura expresionista del grupo Brücke que estuve contemplando el viernes pasado en Madrid. No sabría precisar si la calificación de expresionista la aplicó, quizás por primera vez, el comerciante de arte berlinés, Paul Cassirer, a las obras de Edward Munch, para de alguna manera destacar sus evidentes diferencias y distancias con las producciones del Impresionismo.
Lo que en Alemania se calificó como Expresionismo, en Francia se acuñó en Fauvismo, por lo que expresan de salvaje, de natural, de espontáneo, de tosco, de primitivo, de bravío, de fauve.... En Austria se les llamó secesionistas a estos pintores, porque había que colocarlos aparte, emprendían un camino nuevo, una búsqueda más profunda en las simas abismales del alma, donde las aguas son más turbulentas o más iluminadas por los fuegos fantasmagóricos de un espíritu en trance creativo, como se expresan, por poner un ejemplo, los retorcimientos patéticos del alma atormentada de Kokoschka
Yo pienso que lo que caracteriza al pintor expresionista es que su voz creadora no se modula con la perfección controlada de las formas. Las formas, es verdad, reflejan la actividad superior de la mente, la acción inteligente, controlada y exacta. Pero la voz del pintor expresionista salta, como el torrente, de la grieta pétrea de la pasión, del amor y de la furia, del horror y del ansia. No pretenden reproducir la realidad que los ojos ven, ni sus contornos, ni sus formas o proporciones, sino la experiencia interior, personal, subjetiva, abismal y sangrante, que esa realidad “que ven con los ojos” produce al roce con el alma encendida del pintor, y que este evoca, clamorosamente, con sus colores. Así es como nos hablan en sus lienzos, así nos habló van Gogh con sus cielos alucinatorios de Las noches de los astros, o Gaugin con sus feroces amarillos y verdes tahitianos y con sus caballos rojos, y Matisse con su Danzas de cuerpos sugeridos sobre azul o con sus Peces de colores, y Derain con su Estanque, y el grupo “Brücke”, Nolde, y Heckel y Kirchner y Schmidt-Rottluff.... Los ojos incendiarios del pintor expresionista escupen fuegos que hacen arder los mares y levantan llamas de apasionamiento, como un Rey Midas apocalíptico, en todo lo que miran.

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