EL LENGUAJE MANIPULATIVO
Os confieso que cuando oigo a los políticos que gobiernan (la nación, los ayuntamientos, o demás instituciones) proclamar sus “esfuerzos”: “el esfuerzo realizado en Sanidad”, “el esfuerzo en medios educativos”, “el esfuerzo de dotar de mejores recursos a la ciudad”..., en lugar de hablar de “logros”, de “planes” y de “resultados”, siempre pienso que nos están demandando subrepticiamente conmiseración y justificación anticipada frente a posibles quejas o a inciertos resultados.
Este es sólo un ejemplo de lo que se llama utilización táctico-manipulativa del lenguaje, que va ejerciendo una poderosa fuerza permanente de moldeamiento, represión y coacción en nuestro psiquismo. Así se explica la frase de Nietszche de que “todas las patologías del espíritu son patologías del lenguaje”. Y es porque las palabras “piensan” por sí mismas: contienen un pensamiento “en conserva” que hace su recorrido neuronal hacia nuestros sentimientos, impulsando emociones y reacciones comportamentales, tantas veces inexplicables e inesperadas.
Compruebo muchas veces, en mi experiencia psicoterapéutica, que cada vez que decimos “yo debería ” o “yo tendría que”, estamos como sintiendo y reprochando en nuestro interior que algo está mal, o que estoy en desacuerdo conmigo, o que hay algo que no adecuo a alguna norma o a algún deseo de otros sobre mí. Entonces propongo cambiar la frase por “yo quiero”, o “yo he decidido”, o “yo estoy dispuesto a”, dándole a las palabras toda la firmeza y autenticidad de una convicción personal y de una resolución libre y responsablemente asumida. Otro ejemplo: Lo que llamamos “lenguaje científico” muchas veces no es mas que una jerga que sirve para afirmar la pertenencia a un grupo y crear límites de exclusión frente a otras personas. Es el idioma ritual, mágico, ceremonial, del “Mito científico” de nuestra época. La jerga crea el “espíritu iniciático” con su dosis de magia, misterio y estafa. Sólo comprenden este lenguaje los iniciados, mientras que los demás, fascinados y sobrecogidos, atribuyen su ininteligibilidad y su oscuridad a la profundidad de una sabiduría inaccesible.
Estoy convencido de que una de las operaciones más esenciales para nuestra liberación interior y nuestro crecimiento mental, ha de ser la de depurar el lenguaje autocondicionador con el que nos hablamos a nosotros mismos, y aprender a defendernos del lenguaje, tantas veces manipulativo, con el que nos hablan los demás. Esta es también una convicción de Erich Fromm cuando denuncia el uso del idioma como filtro social para moldear el carácter de los individuos, y para manipularlos en beneficio de grupos de poder (político, económico, mediático, social, religioso...). Necesitamos estar permanentemente reconstruyendo, autentificando y readaptándonos el lenguaje para dimensionarlo a nuestra propia medida mental, porque quizás sea verdad lo que pensó W. Reich de que cada palabra recoge y canaliza la energía flotante del universo, a nuestro favor o en contra nuestra. Abundando en estas reflexiones, rememoro un texto de Freud, de su libro Introducción al Psicoanálisis, donde afirma que las palabras fueron originariamente magia, y todavía hoy la palabra conserva su antiguo poder, que mediante la palabra una persona puede hacer feliz a otra o arrastrarla a la desesperación, que a través de la palabra el maestro transmite los conocimientos o condiciona y modula la mente de sus alumnos, que con la palabra el orador (o el presentador de T.V., diríamos hoy) subyuga a sus oyentes y los predispone a determinados juicios y decisiones.

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