Wednesday, March 02, 2005
De vuelta de un viaje a Madrid, la Sta. Del Control de billetes de Atocha nos advierte de que el “Carnet Joven” de nuestra hija lleva una semana caducado y nos exige, cuando quedan 10 minutos para que salga el tren, que vayamos a las taquillas para pagar la diferencia. Como esto era imposible hacerlo sin perder el tren, le dijimos que queríamos solucionarlo con el Supervisor y decidimos bajar al tren para hablar allí con el Supervisor y pagarle la diferencia y la multa. El Supervisor nos increpó delante de los demás pasajeros y nos instó a que uno de nosotros fuera a la ventanilla, cuando el tren estaba ya a punto de salir. Finalmente, ante nuestra negativa razonada, decidió hacer lo que razonablemente corresponde: cobrarnos él mismo la diferencia del coste del billete. Quise denunciar, solicitando en la estación la Hoja de Reclameciones, la irracionalidad y la intolerancia de tales medidas, emanadas, según afirmaban, “de las instancias superiores”, la falta de respeto y de elemental amabilidad con el usuario, y la desproporción absurda de pretender “solucionar” un problema menor, debido a un simple error humano de tan fácil solución (error tanto nuestro como de la Agencia de Viajes y del Control de billetes de la Estación de Córdoba, donde no nos lo advirtieron), sin consideración con el grave problema familiar, económico y profesional que, de mantenerse en la inicial actitud de prepotencia irrazonable e intolerante, nos hubieran creado.

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