Friday, March 04, 2005

A la pregunta que me han hecho sobre lo que significa París en mi biografía, he respondido que París para mí fue, inicialmente, una fascinación. Encontrarme en aquella ciudad, referente de tantas lecturas, tantos estudios de sus escritores y literatos, tantos sueños, sentirme, después de muchos años de enclaustramiento, libre, solo...Me lo repetía mientras deambulaba por sus avenidas y sus calles, "estoy en París", para cerciorarme de que no era un sueño...En mi libro "Viajes hacia uno mismo", escrito con formato de diario, lo intenté reflejar de algún modo: "París. París de mis alargadas nostalgias. En los minutos que a veces, raramente, me quedan libres, entre dos de mis sesiones de psicoterapia, estoy leyendo los episodios y reflexiones del diario de París de E. Jünger, y se despiertan en mí ensueños y añoranzas, que siento que me suben, con una sensación física anegadora, por el pecho y la garganta, y como que se me vayan a desbordar por los ojos”. Esta sensación de emoción casi incontenible la he tenido muchas veces, y todavía, cuando recuerdo aquel año, fue sólo un año, de París:
“... Me recuerdo -¡hace ya casi 25 años!- en la cotidiana rue de Grenelle, por los metros de Sévres-Babylon, por las alborotadas filas humanas de los Campos Elíseos, o sentado en una terraza frente al Hotel Lutecia, iluminado al atardecer, o rebuscando libros en la librería de la esquina Place de la Sorbonne-Boulevard de St Michael... Después de la primera vez que fui a París con Julia, dejé escrito en el álbum de fotos de nuestros recuerdos, aquella sentencia de Hemingway, de "París es una fiesta": "Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te seguirá, toda tu vida, adondequiera que vayas; porque París es una fiesta que nos sigue". Y de 1a última vez que fuimos, con Julia Victoria y sus primas para visitar Eurodisney, he encontrado las notas de un posible relato que después reproduje en mi poema-relato “La viña florecida”: "La última vez que fui a París, dejé olvidada la cámara de fotos sobre un poyete de 1a terraza de Trocadero, cuando el atardecer -ahora puedo recordarlo- cubría de oro los bordes del cielo, y sobre la cabeza alzada de la Torre empezaban a incendiarse las horas pasajeras. París de mis ensueños y de mis emocionadas remembrazas..."
Esto que viene ahora es de otro día, escrito en mi mismo libro-diario, y veo que me repito..."Estoy oyendo mientras escribo el compac de las canciones de Edith Piaf que me regalaron mi mujer y mi hija por el día del padre, “Sous le ciel de París", "La vie en rose", "Non, je ne regrette rien"...Oh, París: Tuve la suerte de vivir en París, cuando mi juventud, y ya París, como escribió Heminway, no me abandona jamás, que el alma permanece siempre en los ensueños (ese es su verdadero ámbito vital)".
En Paraguay estuve también un año. Mi situación vital era distinta: ya no iba como estudiante, sino como profesor de la Universidad de Asunción. También fue una experiencia de muy hondo calado. En el mismo libro mío, “Viajes hacia uno mismo”, hago esta evocación: "He tenido una llamada desde Paraguay. Mis amigos Pedro y Matilde me anuncian que vendrán por aquí hacia finales de Marzo. Nos separan un Océano y veinticinco años desde que estuve allí como joven profesor de Psicología en la Universidad Católica de Asunción, y hemos hablado como si continuáramos la conversación de ayer. Vivimos juntos episodios alegres, encantadores, junto al lago azul de Ipacaraí. Recuerdo a Pedro, ginecólogo de renombre y profesor universitario, en una imagen idílica, rodeado de sus cuatro pequeñas hijas, que ya todas son madres, y a la madre -ya por fin psicóloga- con el más pequeño de todos (ahora arquitecto), quien nos visitó, hace ya para tres años, en su viaje de bodas "..
Hay otras evocaciones en mi mismo libro en las que enlazo estas experiencias de París y de Asunción con Strasburgo: "Me sueño perdido en la vieja Alsacia, en Strasburgo, paseando junto a sus canales o por sus plazas de evocación medieval, balbuciendo una lengua indescifrada que me crece, como en riadas, por las venas, y espiando corazones perdidos, que al roce con el mío hacen saltar la chispa del afecto fulgurante, la comprensión, la amistad pasajera del tiempo y habitante permanente del recuerdo. París, mis soledades caminantes junto al Sena, escudriñando libros y culturas prohibidas en los “bucanistas” y en las abarrotadas librería del Barrio Latino, Plaza de la Sorbona, prisas de metros, apresurados encuentros humanos “sur les trottoirs” de los Campos Elíseos...Asunción de Paraguay, donde mi recuerdo se agazapa a la sombra del lapacho florecido o se expande, de orilla a orilla, junto al lago azul de Ipacaraí, bordeado de mangos ríspidos y de dulces papayas...."

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