¿IR AL PSICÓLOGO?
OS confieso haber observado muchas veces, en mi particular laboratorio psicológico, cómo el proceso de la vida es un largo camino, a veces angosto y difícil de recorrer, que va en la línea del crecimiento, de la maduración y del encuentro en plenitud con uno mismo, y que este proceso evolutivo hacia la propia perfección, es lo que constituye la esencia dinámica de la vida, así como el proceso de la vida vegetal cursa desde la semilla germinada al árbol frutal y florecido. Y he observado también que esa realización progresiva y paulatina de todas las potencialidades que cada persona alberga dentro de su genoma originario, es lo que el ser psíquico experimenta como La Felicidad. Pero es también verdad que, en este camino, a veces doloroso y a veces exultante, hacia la propia maduración y perfeccionamiento de nuestra persona singular, se producen regresiones, perplejidades ("¿adónde el camino irá...?" de Machado), desorientaciones, bloqueos....Y es esta experiencia vital la que se traduce también muchas veces en Infelicidad. La terapia psicológica, que se llama Psicoterapia (frente a la somatoterapia o farmacoterapia que practican los médicos) consiste en ir descubriendo y reconociendo ese camino singular, el propio e intransferible de cada persona, reconducir la dirección tras cada uno de los inevitables desvaríos, alentar la marcha, propiciar en encuentro definitivo con uno mismo y el ajuste permanente del propio equilibrio existencial... Se ejerce desde una técnica específica que requiere siempre, cualquiera que sea la Escuela o el sistema terapéutico que se aplique, acudir sistemáticamente a un lugar neutro, el gabinete del psicoterapeuta, para ver en la distancia las huellas del recorrido, para mirarse a sí mismo, para descubrirse y analizarse "objetivamente", igual que Le Pétit Prince observaba desde la minúscula estrella su propio planeta, empequeñecido también en la distancia. De esta manera, esa estrella distante, fuera del tiempo y del espacio, que es el despacho neutral de terapeuta, se convierte también en laboratorio donde se viene a analizar las muestras que uno va recogiendo de las huellas de su paso por el cada día de su vida. Y el psicoterapeuta, compañero de camino, colabora a desarrollar o a recomponer estructuras cognitivas desde las que poder contemplarse renovadamente (a sí mismo y al mundo en el que a veces uno se pierde), a rastrear nuevos caminos, a resolver problemas, a estructurar situaciones o a promover cambios. Es el gabinete del psicoterapeuta un espacio material donde se reparan disfunciones y donde se configura un sistema de estímulos sistematizados que tienen como finalidad promover el dinamismo de ese proceso de autoclarificación, reconstrucción, superación y transformación que, siguiendo el hilo evolutivo de la vida, asegura el crecimiento hacia nuestra propia perfección humana. En definitiva, consiste en sintonizar con la pujanza de vida que bulle dentro de nosotros, para expansionarla al máximo de sus potencialidades, y afirmarnos gozosamente, ilusionadamente, esperanzadamente, en la existencia. Y eso es, "humanamente hablando", la Felicidad. OS confieso haber observado muchas veces, en mi particular laboratorio psicológico, cómo el proceso de la vida es un largo camino, a veces angosto y difícil de recorrer, que va en la línea del crecimiento, de la maduración y del encuentro en plenitud con uno mismo, y que este proceso evolutivo hacia la propia perfección, es lo que constituye la esencia dinámica de la vida, así como el proceso de la vida vegetal cursa desde la semilla germinada al árbol frutal y florecido. Y he observado también que esa realización progresiva y paulatina de todas las potencialidades que cada persona alberga dentro de su genoma originario, es lo que el ser psíquico experimenta como La Felicidad. Pero es también verdad que, en este camino, a veces doloroso y a veces exultante, hacia la propia maduración y perfeccionamiento de nuestra persona singular, se producen regresiones, perplejidades ("¿adónde el camino irá...?" de Machado), desorientaciones, bloqueos....Y es esta experiencia vital la que se traduce también muchas veces en Infelicidad. La terapia psicológica, que se llama Psicoterapia (frente a la somatoterapia o farmacoterapia que practican los médicos) consiste en ir descubriendo y reconociendo ese camino singular, el propio e intransferible de cada persona, reconducir la dirección tras cada uno de los inevitables desvaríos, alentar la marcha, propiciar en encuentro definitivo con uno mismo y el ajuste permanente del propio equilibrio existencial... Se ejerce desde una técnica específica que requiere siempre, cualquiera que sea la Escuela o el sistema terapéutico que se aplique, acudir sistemáticamente a un lugar neutro, el gabinete del psicoterapeuta, para ver en la distancia las huellas del recorrido, para mirarse a sí mismo, para descubrirse y analizarse "objetivamente", igual que Le Pétit Prince observaba desde la minúscula estrella su propio planeta, empequeñecido también en la distancia. De esta manera, esa estrella distante, fuera del tiempo y del espacio, que es el despacho neutral de terapeuta, se convierte también en laboratorio donde se viene a analizar las muestras que uno va recogiendo de las huellas de su paso por el cada día de su vida. Y el psicoterapeuta, compañero de camino, colabora a desarrollar o a recomponer estructuras cognitivas desde las que poder contemplarse renovadamente (a sí mismo y al mundo en el que a veces uno se pierde), a rastrear nuevos caminos, a resolver problemas, a estructurar situaciones o a promover cambios. Es el gabinete del psicoterapeuta un espacio material donde se reparan disfunciones y donde se configura un sistema de estímulos sistematizados que tienen como finalidad promover el dinamismo de ese proceso de autoclarificación, reconstrucción, superación y transformación que, siguiendo el hilo evolutivo de la vida, asegura el crecimiento hacia nuestra propia perfección humana. En definitiva, consiste en sintonizar con la pujanza de vida que bulle dentro de nosotros, para expansionarla al máximo de sus potencialidades, y afirmarnos gozosamente, ilusionadamente, esperanzadamente, en la existencia. Y eso es, "humanamente hablando", la Felicidad. | |

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