Saturday, April 16, 2005

“STRESS” Y POSTMODERNIDAD

“STRESS” Y POSTMODERNIDAD

Os confieso que, desde mi profesión de psicólogo clínico, me resulta preocupante la incidencia de la fatiga psicosomática en esta etapa histórica de nuestro devenir existencial que se llama Postmodernidad. Se caracteriza básicamente esta etapa postmoderna por la cantidad de información que hay que procesar, como consecuencia de la expansión de los medios (prensa, radio, televisión, internet, cine...) y de la arrasadora, además de utilísima, invasión de la telefonía móvil, la cantidad de respuestas que hay que improvisar, la acumulación de estímulos, de demandas; las prisas, los ruidos... La Postmodernidad es mezcla de fragmentación, relativismo, constructivismo improvisado, indigestión de sobrestímulos... El sistema nervioso está programado para filtrar aceleradamente cantidad incalculable de información. El cerebro las selecciona, las organiza y las aplica al lenguaje. Este las convierte en ideas (eidos es palabra griega de donde deriva idea; significa representación de la realidad), que estimulan emociones, las cuales las revierten en impulsos que activan el movimiento neurofisiológico etc., etc. A nivel intrapsíquico supone la movilización de miles de millones de neuronas a través de unas pequeñas conexiones, que se llaman “sinapsis”; a nivel cósmico, fuera y dentro de nosotros, bulle un hervidero de estímulos. Pero está claro que la información que recibimos, aunque abundante, es siempre, irremediablemente, limitada. Por lo que nuestro conocimiento de la realidad es, a pesar de tantas informaciones, fundamentalmente imperfecto, y nuestro esfuerzo por adecuarlo, completarlo, instrumentalizarlo...es, cada vez con más frecuencia, fatigante, extenuante, estresante...
A esto se añade la ausencia de gratificaciones naturales, que son las que provienen del contacto directo con la naturaleza: oxigenación natural no contaminada, descanso, comer alimentos sanos y con sosiego, hacer el amor sin miedos y sin prisas, descansar “debajo de un pino verde” como canta el anhelante fandanguillo de Huelva...
Ya Freud había puesto de manifiesto, en su libro El malestar de la cultura, la ausencia de gratificaciones, frente al cúmulo de exigencias y demandas que conlleva el progreso tecnológico de nuestra civilización..
Los científicos han venido experimentando con lo que se llamó Índice de tenacidad, para medir el tiempo y la insistencia e intensidad del esfuerzo mantenido antes de que se produzca el fenómeno negativo del stress. Pues este cúmulo de condicionantes, característicos de la postmodernidad, es lo que determina la fatiga, el stress, la ansiedad agotadora, la tensión acumulativa, el decaimiento moral, la angustia existencial, la extenuación psicosomática, la depresión, o la apatía como defensa...Síntomas y síndromes a los que, con las particularidades y singularidades que cada caso presenta, tantas veces he tenido que hacer frente, desde hace cuarenta años, en mi labor como psicoterapeuta. . "Los pájaros visitan al psiquiatra, las estrellas prefieren no salir", así nos lo anunció angustiadamente el llorado Antonio Flores, desde la familiar y agorérica ventana televisiva.
Y, para terminar, os propongo como actitud terapéutica, como un mantra inspirativo, los versos de Juan Ramón Jiménez ya citados por mí en esta columna de confidencias, que encierran la sabiduría sentenciosa de los proverbios orientales: “No corras, ve despacio, /que adonde tienes que llegar / es a ti sólo. ..”

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