LAS BUENAS EMOCIONES
LAS BUENAS EMOCIONES Os confieso haber dedicado mucho tiempo a observar cómo cada persona configura, amasándolos a través de toda su trayectoria vital, sus sentimientos predominantes, de donde surgen las respuestas singulares, propias de cada persona, a los estímulos que recibe y que perfilan ese “carácter” que las hace únicas y especiales. Todos hemos conocido a personas generosas cuyo sentimiento característico puede ser la admiración valorativa de las demás, mientras que en otra persona su emoción dominante es la envidia, o la emulación competitiva, o la rivalidad, o el menosprecio altanero de todo lo que no es lo suyo. En otras opera con predominio la pena compasiva hacia otros o hacia sí mismo, o la cólera, o la culpabilidad atosigante, o la angustia o la ambición o la alegría permanente....Sin embargo todos experimentamos toda la gama de emociones, ya que son como “pilotos” automáticos de nuestro “aparato” interior, que señalizan nuestro camino existencial. Por ejemplo, el “piloto” miedo estimula la actitud de precaución, o aconseja la evitación ante un posible mal inminente; la esperanza alienta el deseo hacia la consecución de un bien posible sin desfallecer por los obstáculos; la desesperanza opera como afecto disuasivo, ante la imposibilidad de superar los obstáculos, para no malgastar energías orgánicas en un esfuerzo que sería inútil; la ilusión moviliza energías biológicas para acelerar el paso hacia la posesión posible del bien previsto, el amor concentra las energías para la conservación definitiva de ese bien poseído, la aversión (repugnancia, odio, antipatía) aconseja el desprendimiento o la retirada de lo que es o se está convirtiendo en un mal amenazante, la cólera dispone las energías vitales y las acrecienta para la superación, enfrentamiento o destrucción de los obstáculos; la tristeza supone la toma de consciencia de la dimensión del bien perdido, o de la presencia inevitable de un mal, para disponer el ánimo hacia la reorganización del psiquismo en una posible reposición de bienes posibles o de superación futura de la situación actualmente dolorosa; la alegría es la expresión afectiva de la posesión de un bien o de su posibilidad esperanzada... Por esto es por lo que nunca considero que las emociones puedan ser malas, ni dañinas para el bienestar y el equilibrio psicológico: el miedo, la pena, la alegría, la rabia, el displacer, el amor, la aversión...son movimientos psíquicos necesarios y benéficos para el equilibrio de la mente y para la orientación vital de la persona en la existencia, lo mismo que los fenómenos de la naturaleza son necesarios para el equilibrio cósmico: frío, calor, lluvia, tormentas, vientos, tempestades... La palabra “emoción” deriva del latín “e-movere” , en cuanto que las emociones son como movimientos del espíritu para nuestra conducción adecuada entre los complicados vericuetos de la vida. Las experiencias básicas de la existencia humana, y los sentimientos que despiertan esas experiencias, ya las hemos vivido, siempre, en un “antes” que quizás se pierden entre las brumas del recuerdo. Escribió un poeta francés: “Los pasos que yo oía aterrorizado en mi habitación de niño son los mismos que resuenan de estrella en estrella”. Estas experiencias primordiales se reducen a ser querido o ignorado, ser elegido o rechazado, ser alentado o atemorizado, estar satisfecho o frustrado, triunfar o fracasar...A través de todos estos vericuetos emocionales, pasa renovadamente, a lo largo de toda la vida individual, la pujanza anhelante de nuestro ilusionado deseo de vivirla en plenitud... |

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