EL MENSAJE DE LOS SUEÑOS
Os confieso mi convicción de que los sueños, todos esos sueños que nos sorprenden y, a veces nos aterran, durante las noches, son mensajes secretos, emanados desde nuestra más profunda identidad. Alguien dijo que un sueño que no se interpreta es como una carta que se tira a la papelera sin ser leída. Creo que fue Shopenhauer quien afirmó que un sueño es una breve locura y que la locura es un largo sueño. Freud escribió al final de su vida que en el sueño nos comportamos como enfermos mentales porque “el sueño es una psicosis”, como un desbarajuste descabellado de las ideas, los sentimientos y las imágenes que encajan el puzzle de nuestra mente. Carlos Gustavo Jung, sin embargo, escribió que el sueño es simplemente una puesta en escena, sin reservas y sin controles, de “ese conjunto de ideas y sentimientos que se agitan en lo profundo de nuestra alma”. Quizás vengan a decir lo mismo, porque si en un momento dado dejáramos traslucir y nos dejáramos arrastrar, sin reservas y sin controles, por ese racimo de ideas y de sentimientos que se agitan inconscientemente en nuestro interior, sin duda pensarían de nosotros que estábamos locos. Pero Freud no dudó nunca de que el acto de soñar es de por sí una regresión a las más tempranas circunstancias del soñador, una resurrección de su infancia (en la que se produjeron las primeras experiencias vitales), con todos sus impulsos instintivos y las formas expresivas de los soterrados deseos anhelantes. Un deseo se representa en el sueño, a las claras o enmascarado, cuando algún estímulo en la vida actual y diurna de esa persona consigue reactivar el deseo análogo, sepultado en el inconsciente, que sirve de refuerzo al deseo actual y consciente. El estímulo que los ha regurgitado se llama técnicamente residuo diurno: alguna imagen de la vida real que ha conectado con ese deseo latente, desenterrándolo y resucitándolo (casi siempre disfrazado o enmascarado) en deseos re-actualizados. Y es que las experiencias básicas de la existencia humana, y los sentimientos concomitantes a ellas, de alguna manera ya se han vivido y experimentado en un “antes” que se pierde en el “túnel del tiempo” de los recuerdos, y quedan condensados en esos sueños universales de la humanidad que son los “cuentos de hadas”: Pulgarcito, La Cenicienta, Caperucita... Las experiencias, y los sentimientos concomitantes a ella, de ser querido o rechazado, de triunfar o fracasar, de ser elegido o postergado, de estar satisfecho o frustrado, de ser alentado o atemorizado, etc., la hemos experimentados todos en etapas anteriores de nuestro caminar por la vida y emergen reverdecidas, entre las peripecias actuales de cada día, con las nuevas experiencias que suscitan sentimientos semejantes. A veces se padecen sueños horribles, suscitado desde datos ocasionales de la vida real (residuos diurnos), que en la realidad eran, quizás, hechos simples e insignificantes, pero que despertaron fantasmas dormidos de la mente, adquiriendo inconscientemente dimensiones fantasmagóricas. Y son esas imágenes, con frecuencia enmascaradas, las que pueblan nuestros sueños, a través de los cuales intenta abrirse paso la pujante energía latente de nuestros subterráneos anhelos o terrores... |

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