Monday, February 28, 2005

Anoche escuché a un personaje en una entrevista de TV, a quien le preguntaron “si estaba enamorado” y respondió: Afortunadamente no estoy enamorado porque estar enamorado es dejar de ser uno mismo. Pero puedo decir que amo profundamente a una persona con la que, sin dejar de ser yo, he decidido compartir mi vida.

Sunday, February 27, 2005

EL LENGUAJE MANIPULATIVO


Os confieso que cuando oigo a los políticos que gobiernan (la nación, los ayuntamientos, o demás instituciones) proclamar sus “esfuerzos”: “el esfuerzo realizado en Sanidad”, “el esfuerzo en medios educativos”, “el esfuerzo de dotar de mejores recursos a la ciudad”..., en lugar de hablar de “logros”, de “planes” y de “resultados”, siempre pienso que nos están demandando subrepticiamente conmiseración y justificación anticipada frente a posibles quejas o a inciertos resultados.
Este es sólo un ejemplo de lo que se llama utilización táctico-manipulativa del lenguaje, que va ejerciendo una poderosa fuerza permanente de moldeamiento, represión y coacción en nuestro psiquismo. Así se explica la frase de Nietszche de que “todas las patologías del espíritu son patologías del lenguaje”. Y es porque las palabras “piensan” por sí mismas: contienen un pensamiento “en conserva” que hace su recorrido neuronal hacia nuestros sentimientos, impulsando emociones y reacciones comportamentales, tantas veces inexplicables e inesperadas.
Compruebo muchas veces, en mi experiencia psicoterapéutica, que cada vez que decimos “yo debería ” o “yo tendría que”, estamos como sintiendo y reprochando en nuestro interior que algo está mal, o que estoy en desacuerdo conmigo, o que hay algo que no adecuo a alguna norma o a algún deseo de otros sobre mí. Entonces propongo cambiar la frase por “yo quiero”, o “yo he decidido”, o “yo estoy dispuesto a”, dándole a las palabras toda la firmeza y autenticidad de una convicción personal y de una resolución libre y responsablemente asumida. Otro ejemplo: Lo que llamamos “lenguaje científico” muchas veces no es mas que una jerga que sirve para afirmar la pertenencia a un grupo y crear límites de exclusión frente a otras personas. Es el idioma ritual, mágico, ceremonial, del “Mito científico” de nuestra época. La jerga crea el “espíritu iniciático” con su dosis de magia, misterio y estafa. Sólo comprenden este lenguaje los iniciados, mientras que los demás, fascinados y sobrecogidos, atribuyen su ininteligibilidad y su oscuridad a la profundidad de una sabiduría inaccesible.
Estoy convencido de que una de las operaciones más esenciales para nuestra liberación interior y nuestro crecimiento mental, ha de ser la de depurar el lenguaje autocondicionador con el que nos hablamos a nosotros mismos, y aprender a defendernos del lenguaje, tantas veces manipulativo, con el que nos hablan los demás. Esta es también una convicción de Erich Fromm cuando denuncia el uso del idioma como filtro social para moldear el carácter de los individuos, y para manipularlos en beneficio de grupos de poder (político, económico, mediático, social, religioso...). Necesitamos estar permanentemente reconstruyendo, autentificando y readaptándonos el lenguaje para dimensionarlo a nuestra propia medida mental, porque quizás sea verdad lo que pensó W. Reich de que cada palabra recoge y canaliza la energía flotante del universo, a nuestro favor o en contra nuestra. Abundando en estas reflexiones, rememoro un texto de Freud, de su libro Introducción al Psicoanálisis, donde afirma que las palabras fueron originariamente magia, y todavía hoy la palabra conserva su antiguo poder, que mediante la palabra una persona puede hacer feliz a otra o arrastrarla a la desesperación, que a través de la palabra el maestro transmite los conocimientos o condiciona y modula la mente de sus alumnos, que con la palabra el orador (o el presentador de T.V., diríamos hoy) subyuga a sus oyentes y los predispone a determinados juicios y decisiones.

Saturday, February 26, 2005

Ayer volvimos de junto al mar, de nuestros reencuentros periódicos... En el margen de una revista que estuve leyendo esta mañana soleada, sentado en la terraza, alumbrado por un sol invernal esplendente de color naranja intenso, escribí esto:
El mar está ahí, distante en mi mirada, cercano a mis latidos. Está aquí cerca, frente a mí, el mismo siempre. Y distinto. Distinto color, distinta piel, tersa o arrugada, distinta luz reverberante, distinto arrullo de distintas olas, distinta brisa perfumada...Pero es el mismo siempre, total, inconmensurable, repitiéndose incansablemente a sí mismo...”La mer toujours récommencée”.

Quise visitar, durante mi paso por Málaga, al editor de BmmC Ediciones, donde publicaron mi poema-relato La viña florecida. Por uno de los frecuentes desafueros del sistema informático, y por descarado descuido mío (tengo que reconocerlo) he perdido el archivo original de este libro y quería que él me lo regrabara. Llevo días intentando contactar con él vía Internet, pero en la web de la editorial aparece, en inglés el anuncio de que está “en reconstrucción”
Llegué a la sede editorial, en la callejuela sin salida Fernando Lessep, paseando a través de la calle Larios, bulliciosa y peatonizada, y la encontré cerrada, sin eco ni respuesta a mis insistentes llamadas. En el bar de enfrente, donde era asiduo cliente y siempre me invitaba a una copa en mis anteriores visitas, me dicen que dejaron de verlo hace varios meses...

Tuesday, February 22, 2005

He quedado subyugado por esta mañana típica de invierno: fría, mágica y blanca. Envuelto con abrigo y bufanda, y humedecido por una lluvia finísima, crucé con Julia los dos jardines paralelos de la avenida de Vallellano, penetré en el despacho, alumbrado, acogedor y cálido, donde me he sentado sosegadamente, y he abierto la ventana del ordenador, desde donde voy a contemplar, con mis recuerdos, la vida que pasa, fluida como los ríos, y en el que voy a volcar el fluido de mis pensamientos.
He estado rememorando mis impresiones sobre la Exposición de pintura expresionista del grupo Brücke que estuve contemplando el viernes pasado en Madrid. No sabría precisar si la calificación de expresionista la aplicó, quizás por primera vez, el comerciante de arte berlinés, Paul Cassirer, a las obras de Edward Munch, para de alguna manera destacar sus evidentes diferencias y distancias con las producciones del Impresionismo.
Lo que en Alemania se calificó como Expresionismo, en Francia se acuñó en Fauvismo, por lo que expresan de salvaje, de natural, de espontáneo, de tosco, de primitivo, de bravío, de fauve.... En Austria se les llamó secesionistas a estos pintores, porque había que colocarlos aparte, emprendían un camino nuevo, una búsqueda más profunda en las simas abismales del alma, donde las aguas son más turbulentas o más iluminadas por los fuegos fantasmagóricos de un espíritu en trance creativo, como se expresan, por poner un ejemplo, los retorcimientos patéticos del alma atormentada de Kokoschka
Yo pienso que lo que caracteriza al pintor expresionista es que su voz creadora no se modula con la perfección controlada de las formas. Las formas, es verdad, reflejan la actividad superior de la mente, la acción inteligente, controlada y exacta. Pero la voz del pintor expresionista salta, como el torrente, de la grieta pétrea de la pasión, del amor y de la furia, del horror y del ansia. No pretenden reproducir la realidad que los ojos ven, ni sus contornos, ni sus formas o proporciones, sino la experiencia interior, personal, subjetiva, abismal y sangrante, que esa realidad “que ven con los ojos” produce al roce con el alma encendida del pintor, y que este evoca, clamorosamente, con sus colores. Así es como nos hablan en sus lienzos, así nos habló van Gogh con sus cielos alucinatorios de Las noches de los astros, o Gaugin con sus feroces amarillos y verdes tahitianos y con sus caballos rojos, y Matisse con su Danzas de cuerpos sugeridos sobre azul o con sus Peces de colores, y Derain con su Estanque, y el grupo “Brücke”, Nolde, y Heckel y Kirchner y Schmidt-Rottluff.... Los ojos incendiarios del pintor expresionista escupen fuegos que hacen arder los mares y levantan llamas de apasionamiento, como un Rey Midas apocalíptico, en todo lo que miran.

Monday, February 21, 2005

Acabo de llegar de pasar 30 horas seguidas en un Madrid soleado y delicioso, donde (a pesar del frío intensificado por la noche) ya amaga una primavera incipiente. La exposición de los impresionistas alemanes, en la Thyssen y en la "Sala de las alhajas" de las Descalzas, una maravilla imponderable...Y el regalo adjunto de la pequeña exposición de Retratos de Menling, es insuperable en belleza y perfección. La aventura gastronómica la repartimos entre un Tailandés (rollitos de primavera, pato laqueado, arroz al azafrán...) y un Asturiano, con queso de cabrales, pulpo con cachelos, fabes con almejas y calamares en su tinta con arroz...A la salida de Madrid, el sol, de un dorado muy intenso iba bajando al compás de la marcha del tren, impregnando en oro todo el paisaje que yo abarcaba desde la ventanilla...

Saturday, February 19, 2005

CONFESIONES DE UN PSICOTERAPEUTA

AMOR, PASIÓN Y EMOCIÓN

Os confieso que si tuviera que elegir el poema que, para mi gusto, mejor describe, en toda su hondura, la experiencia de un encuentro de amor psicosexual, elegiría éste de la poetisa catalana Clara Janés: “Desplegó una sábana azul / que abarcaba los ocho cielos / salpicado de oro de los astros / y me envolvió, y a sí mismo, en ella. / Y como el entero firmamento me abrazó. Y se adentró en mi vida / y en aquella noche / la deshojó hasta la tersura del alba. / Con el tacto del más leve pétalo / se dobló su cabeza en mi cuello. / Sus bucles negros / emitían un aroma de abismo”.
Y a propósito del amor como pasión y el amor como emoción he estado rememorando un pensamiento, no sé si de un filósofo actual o de la antigua sabiduría oriental: “Las emociones son el fundamento de la vida; las pasiones son el camino de la muerte”. Yo diría metafóricamente que las pasiones son como el caudal de un río que, si no desemboca y se diluye en el mar de los profundos y serenos sentimientos y emociones, arrastrará a su paso todo lo que se interponga, anegará los cultivos y sólo producirá ruinas y catástrofes. Sucede igual cuando se trata del amor. Porque la pasión de amor, eso que llamamos “enamoramiento”, sólo se justifica si es pasajera, como el río, si va bien encauzada o canalizada, y si confluye en el mar de la emoción o el sentimiento de amor, sereno en sus oleadas, total, permanente y pleno...
La emoción del amor, cuando está impulsada y enriquecida por el impulso erótico-sexual, encuentra su posibilidad de realización en varios planos:
En el plano puramente biológico, donde el deseo es de apareamiento, el que satisface el instinto primario y vegetal de propagación de la vida, el que incita originariamente al ser vivo humano.
En otro plano, de nivel fisio-corporal, se produce esa placentera conmoción nerviosa y muscular, que estimula el corazón, acucia el flujo de la sangre y moviliza todas las células del organismo, con sus tres fases de tensión, de climax y de relajación final, a la que llamamos Placer.
En el siguiente plano, a nivel psicológico, la emoción del amor se sustenta de mutua complacencia, de plena confianza y, sobre todo, de esa experiencia única, verdadera fuente de goce y fruición humanas, que es la experiencia inefable de intimidad. Es el “dos en una carne” de la Biblia, el “quedéme y olvidéme / mi rostro recliné sobre el amado / cesó todo y dejéme / dejando mi cuidado / entre las azucenas olvidadado.” de los versos de amor de San Juan de la Cruz. Como alguien me respondió en un test, “es desear que te toquen la piel y el corazón al mismo tiempo”.
Pero existe, además, un último plano, un espacio del amor a impulsos del deseo erótico-sexual, al que no todos logramos llegar, quizás porque no tenemos las antenas senso-perceptivas madurativamente florecidas y acomodadas, que pertenece al nivel espiritual que puede alcanzar la emoción humana: es la experiencia vivencial, casi visionaria, transpersonal, de unidad, de plenitud, de totalidad, de que somos uno y somos todos, de que somos el vacío y el universo, como el Dios deseante y deseado de J.R.J. Esta emoción inenarrable es quizás en la que culmina el poema de Clara Janés, cuando habla de astros, de cielos, de firmamentos y de abismos, y la que expresa Miguel Hernández en aquellos transcendentales versos de amor a su esposa: “...Besándonos tu y yo se besan nuestros muertos, / se besan los primeros pobladores del mundo...”.

Thursday, February 17, 2005

CONFESIONES DE UN PSICOTERAPEUTA

ENAMORAMIENTO Y LIBERTAD


Os confieso, en la cercanía del convencional “día de enamorados”, que considero de vital necesidad revisar ese concepto confuso y polisémico que expresamos tan frecuentemente con el sintagma verbal “estar enamorado”. ¿Qué es esa experiencia del “enamoramiento”, frente a la del “auténtico amor”?.
No es infrecuente que se oiga hablar de esa experiencia mágica del “enamoramiento” como si se tratara algo inevitable, como un anhelo posesivo, obsesionante y acaparador que sobreviene a algunas personas (a todas, alguna vez) casi por sorpresa, o por arte de magia, como una especie de enfermedad irremediable. Se habla del enamoramiento como de una patología psicopática: una pasión que nos arrastra, nos impulsa incoerciblemente a la posesión devoradora de la persona amada, con una fuerza desatada, arrasadora de la voluntad y de la racionalidad, frente a la que no hay nada que hacer, sino dejarse arrastrar por ella...y que justifica, por lo tanto, todos los comportamientos que de esta “enfermedad de amor” derivan. “¿Qué le voy a hacer? si es que me he enamorado”.
Y quizás no saben que, al hablar así, o al interpretar de ese modo su experiencia endovivencial de amor, están haciendo dejación de responsabilidad, están renunciando a lo único que puede justificar un comportamiento, lo único que dignifica a la persona, y que la realiza en autenticidad como persona: que es el uso de su Libertad. El enamoramiento, así entendido, no es libertad: es apego, es arrebato, es pasión. No justifica a la persona, en cuanto persona, ni la realiza como tal. Ser libre es tener la capacidad y la madurez de asumir decisiones responsables para la propia autoconstrucción en solidaridad. . Ser libre es poder realizar los propios deseos, pero dentro de un sistema jerarquizado de valores que nos habita y ennoblece, de manera que el Yo personal asuma su capacidad de elegir y de renunciar: que son dos momentos esenciales de la actuación en libertad. La inmadurez y, en su extremo, el trastorno psicopático, se manifiestan cuando las funciones psíquicas de autorregulación no están suficientemente integradas para controlar y orientar las reacciones instintivas y pasionales.
Ya he hecho referencia en otras ocasiones al mítico auriga de El Carro Alado de Platón, ese auriga, que representa a la razón, y que dirige a su caballo blanco, que son las emociones, y a su caballo negro, que son los instintos y las pasiones, hacía sus propios objetivos existenciales. Y repito ahora que es esta una lúcida imagen filosófica de lo que constituye al ser humano como autónomo, integrado, realizado y libre. La inteligencia como función reguladora de los instintos, las emociones y las pasiones, encaminándolas al objetivo final de toda dinámica humana, que es la Felicidad. Es lo que hoy se entiende por inteligencia emocional, que es la auténtica función conductora y realizadora del enamoramiento y del amor.
Porque es que el Amor, y el proyecto de vivirlo y compartirlo en una situación estable, permanente y fecunda (“el deseo de envejecer juntos”, como lo definió Albert Camus), no puede subsistir sin equilibrio, autocontrol y libertad. Aunque impulsado por la fuerza del instinto y del apasionado anhelo, se ejerce desde la responsabilidad, se fundamenta en los valores que dan sentido a la vida, y es lo único que nos realiza como personas, en Libertad dignificante y en Plenitud existencial. Lo contrario no es más que inmadurez humana o patología psicopática.

Wednesday, February 16, 2005

GRACIAS, REAL ACADEMIA...