Thursday, March 24, 2005

CORRUPCIÓN



Os confieso mi convicción, al hilo de las noticias, de que la corruptibilidad no es una condición atribuible en exclusiva al partido político que, en alternancia democrática, toma el timón del gobierno. Por supuesto que, si se acusa a un partido de flagrantes vinculaciones con la corrupción, es imperativo y perentorio hacer las depuraciones necesarias y llevar hasta el límite la condena de esta vergonzante situación, la de los administradores que escamotean y usurpan los bienes de sus administrados.
Es obvio que, cuando lo que se pretende es un Estado potente, omnipresente, inmenso, todopoderoso, que dirija y asuma todas las responsabilidades de los ciudadanos ( los “súbditos”), y que abarque con sus descomunales tentáculos funcionariales todos los espacios de la vida pública, estemos entonces en un permanente riesgo de abuso, prepotencia y corrupción. Además, desde el punto de vista de la Psicología Humanística, esta sería una situación sociopolítica despersonalizadora, inmadurativa e ineficaz a la larga. Porque este Estado poderoso y providente vendría a ser como una continuación o remedo prolongado de aquel ejemplar de padre indiscutible de la infancia, el que “comía huevos”, mientras los demás lo contemplaban sumisos y hambrientos...
Pero es necesario hacer una reflexión más profunda, subiendo de las anécdotas ocasionales a la categoría: La corruptibilidad es la condición generalizable del corazón humano cuando no está positivamente motivado. Cuando no está alentado por valores que le impulse a levantar el vuelo, al carecer de objetivos altos hacia los que elevar la mirada, entonces se ceba con la carroña de los beneficios inmediatos y del enriquecimiento rápido, antes de que otros se le adelanten. Los partidos administradores, es verdad, tienen quizás más peligro (y más oportunidades) de contaminarse de “la fiebre del oro”, ese afán epidémico del enriquecimiento sin límites que nos subyuga y encandila a los ciudadanos en todos los ámbitos o estratos sociales, como uno de los mitos caracterizadores de nuestra civilización, a falta de otros valores y utopías...
La corrupción política es, sin duda, el síntoma de una enfermedad social, que enraíza en la falta de valores del espíritu, en la carencia de seguridades y convicciones personales y en la deficiencia de “sentido y sensibilidad” solidarias. Que esta es una verdadera enfermedad social, cuyos síntomas se hacen más patentes y visibles en nuestros representantes políticos, parece que todos podemos estar, más o menos, de acuerdo. Que estemos también dispuestos a cooperar en su solución, no sólo desde la denuncia, que es imprescindible, sino también desde un rearme a fondo de valores del espíritu y de utopías dinamizadoras, eso no lo percibo tan claramente.
Sería para ello necesario trabajar por una renovada sociedad civil, activa, creativa, ilusionada, autosuficiente y autodirectiva, responsabilizada de su propia marcha, de sus propias iniciativas y de sus propios objetivos. Y al mismo tiempo trabajar por un aparato estatal eficaz, tolerante y riguroso, que gobierne pero que no mande, como el piloto gobierna y conduce el avión, aunque los que deciden adónde quieren ir son los pasajero. Esta sería, aplicada a cada persona en particular, la línea formativa y terapéutica de la Psicología Humanística, donde las personalidades individuales crecen y maduran por sí mismas, fundamentadas en valores solidarios, ilusiones dinamizantes y utopías regeneradoras.

Wednesday, March 23, 2005

POESÍA Y TRASCENDENCIA



Os confieso, alentado por las fragancias de la nueva primavera, que la poesía, al igual que cualquier otra manifestación del Arte, nunca me aparta del mundo sino que por ella accedo a la realidad, como a través una senda privilegiada y mágica. El artista, el “poietes”, que dirían los griegos, emprende el camino de lo cotidiano, de lo real, de lo inmediato, para introducirse en la vereda de lo mágico, de lo profundo, de lo deseable, de lo ilusionante, de lo onírico, de lo pleno y lo total. Y es que la poesía tiene su brote de expresión en ese lugar hondísimo, ese “rincón del alma”, que cantó Alberto Cortés, donde todo se hermana y se conjunta en el encuentro primero, original y sorprendido, con la Belleza intacta. Es ese encuentro metafísico, al socaire del tiempo y del espacio, lo que confiere al presente la dimensión de lo permanente, y a lo concreto, dimensionable en el espacio y en el tiempo, la dimensión de lo atemporal y de lo eterno.
El ser humano es, por esencia, un ser metafísico: está abocado a trascender lo físico, lo material, lo perceptible, y a extra-limitarse. Este fenómeno de trascendencia y extra-limitación lo realiza el poeta, el “vate”, el iluminado, el que habla y canta en representación de todos los demás.
La poesía es lenguaje diáfano, palabra justa y ajustada, aunque personal y singular, reveladora de la intimidad única, irrepetible, de quien la emite. Dice Stuart Mill que “el verso es el habla hecha música”. Eso que llamamos el “habla” es el modo personal, particular, único, que singulariza la trasmisión que hace cada persona de la Palabra Universal y Eterna: del “Logos” Total. Pero que el poeta consigue hacerlo música, música con voz propia, representando el sentir de todos los demás seres inteligentes. Y es porque allí, en la poesía, nos reencontramos todos y allí, también, nos reconocemos.
La poesía es palabra inocente, original, primal, descontaminada, desintoxicada y pura. No tiene que estar justificada desde ninguna filosofía, ni desde ninguna ciencia o religión. Es palabra que se enciende y reilumina una experiencia, y la recrea, y vibra, y vuela, y se trasmite, comunica, prende... y enciende sentimientos en esos niveles superiores del psiquismo que llamamos Espíritu.
A veces la poesía se hace denuncia y renuncia, actitud de lealtad a la verdad, para desenmascarar la interpretación oficial que quieran darle a la vida, desde intereses políticos, o económicos, o sociales. También, a veces, la poesía es duda existencial, es vacilación y desgarro. Nos describe, nos desvela o nos revela, en nuestros sentimientos más profundos, el anhelo vital, el naufragio emocional, la fascinación, la decepción, la añoranza, el desencanto, la fugacidad del goce, el embeleso del amor...
Como pensó Kafka, hemos sido arrojados del Paraíso pero seguimos perteneciendo a él... A ese Paraíso de donde los poetas rescataron las voces del viento entre sus árboles, originales y recienflorecidos, como aquel Prometeo mítico que robó el fuego sagrado de los dioses. Es el Paraíso ese espacio de silencio y soledad donde la palabra encuentra su mejor caldo de cultivo, donde se libera de las contaminaciones del uso cotidiano y vulgar, y recupera su aura mágica de inocencia, de profundidad y de trascendencia. “...El olor de una rosa / es en ti el de todas las rosas, / la voz de una mujer, / la voz de todas las mujeres, / el de una luz, el de las luces todas; / palabra, eterno olor, eterna luz, / música eterna!” Así cantó Juan Ramón a la palabra pura, original y trascendente.

POESÍA Y TRASCENDENCIA



Os confieso, alentado por las fragancias de la nueva primavera, que la poesía, al igual que cualquier otra manifestación del Arte, nunca me aparta del mundo sino que por ella accedo a la realidad, como a través una senda privilegiada y mágica. El artista, el “poietes”, que dirían los griegos, emprende el camino de lo cotidiano, de lo real, de lo inmediato, para introducirse en la vereda de lo mágico, de lo profundo, de lo deseable, de lo ilusionante, de lo onírico, de lo pleno y lo total. Y es que la poesía tiene su brote de expresión en ese lugar hondísimo, ese “rincón del alma”, que cantó Alberto Cortés, donde todo se hermana y se conjunta en el encuentro primero, original y sorprendido, con la Belleza intacta. Es ese encuentro metafísico, al socaire del tiempo y del espacio, lo que confiere al presente la dimensión de lo permanente, y a lo concreto, dimensionable en el espacio y en el tiempo, la dimensión de lo atemporal y de lo eterno.
El ser humano es, por esencia, un ser metafísico: está abocado a trascender lo físico, lo material, lo perceptible, y a extra-limitarse. Este fenómeno de trascendencia y extra-limitación lo realiza el poeta, el “vate”, el iluminado, el que habla y canta en representación de todos los demás.
La poesía es lenguaje diáfano, palabra justa y ajustada, aunque personal y singular, reveladora de la intimidad única, irrepetible, de quien la emite. Dice Stuart Mill que “el verso es el habla hecha música”. Eso que llamamos el “habla” es el modo personal, particular, único, que singulariza la trasmisión que hace cada persona de la Palabra Universal y Eterna: del “Logos” Total. Pero que el poeta consigue hacerlo música, música con voz propia, representando el sentir de todos los demás seres inteligentes. Y es porque allí, en la poesía, nos reencontramos todos y allí, también, nos reconocemos.
La poesía es palabra inocente, original, primal, descontaminada, desintoxicada y pura. No tiene que estar justificada desde ninguna filosofía, ni desde ninguna ciencia o religión. Es palabra que se enciende y reilumina una experiencia, y la recrea, y vibra, y vuela, y se trasmite, comunica, prende... y enciende sentimientos en esos niveles superiores del psiquismo que llamamos Espíritu.
A veces la poesía se hace denuncia y renuncia, actitud de lealtad a la verdad, para desenmascarar la interpretación oficial que quieran darle a la vida, desde intereses políticos, o económicos, o sociales. También, a veces, la poesía es duda existencial, es vacilación y desgarro. Nos describe, nos desvela o nos revela, en nuestros sentimientos más profundos, el anhelo vital, el naufragio emocional, la fascinación, la decepción, la añoranza, el desencanto, la fugacidad del goce, el embeleso del amor...
Como pensó Kafka, hemos sido arrojados del Paraíso pero seguimos perteneciendo a él... A ese Paraíso de donde los poetas rescataron las voces del viento entre sus árboles, originales y recienflorecidos, como aquel Prometeo mítico que robó el fuego sagrado de los dioses. Es el Paraíso ese espacio de silencio y soledad donde la palabra encuentra su mejor caldo de cultivo, donde se libera de las contaminaciones del uso cotidiano y vulgar, y recupera su aura mágica de inocencia, de profundidad y de trascendencia. “...El olor de una rosa / es en ti el de todas las rosas, / la voz de una mujer, / la voz de todas las mujeres, / el de una luz, el de las luces todas; / palabra, eterno olor, eterna luz, / música eterna!” Así cantó Juan Ramón a la palabra pura, original y trascendente.

Monday, March 14, 2005

La paranoia tiene como síntoma significativo el "delirio". Es un pensamiento muy estructurado, incluso razonado, pero que no tiene base en la realidad. La persona actúa o adopta actitudes en consecuencia a su convicción, pero que en la realidad son reacciones que carecen de sentido y son con frecuencia perturbadoras. Es natural que D. Quijote, el gran paranoico, universal, montara a caballo esgrimiendo lanza y escudo, porque estaba convencido de ser caballero andante...Este es el llamado "delirio de grandeza" (me creo Dios, o superman...) Los otros delirios más característicos son el de celos y el de persecución (se cree perseguida, o acosada, o objeto de mala voluntad, o de críticas...) A veces pueden ser muy peligrosos y con consecuencias catastróficas, pero sobre todo son muy difíciles de tratar y de ayudar, porque tienen, también como síntoma específico, una desconfianza, una susceptibilidad y una suspicacia patológicas.

Saturday, March 12, 2005

SOLIDARIDAD


Os confieso que, a mi entender, la palabra Solidaridad, tan reiteradamente pronunciada en estos días, quizás pueda estar algo gastada, y que tal vez convenga depurarla o remozarla para que recupere la plenitud de su significado. Porque a las palabras les pasa lo mismo que a las monedas: que con el uso se desgastan, pierden su relieve, se ensucian...
La palabra Solidaridad deriva, etimológicamente, de sólido, y se dice de los cuerpos cuya cohesión molecular es estable, a diferencia de los líquidos. Quizás este fondo de solidez le dé al concepto un significado más profundo, más cosmológico, que otras palabras con las que se podría expresar el mismo concepto, como, por ejemplo, la palabra Concordia, que es un bello término verbal, aunque quizás sin ese fondo semántico de solidez.
Para desmenuzar ciertos aspectos de su significado diré que la palabra Solidaridad entraña el espíritu de la Cooperación, de Participación; presenta sinonimias con la Fraternidad, con el Compañerismo, con la Tolerancia, cuyo significado viene a ser Solidaridad dentro de la pluralidad (de la pluralidad étnica, filosófica, ideológica, política, educacional, generacional, cultural...).
Por eso la Solidaridad es imposible sin la Justicia, sin el Respeto, sin, en definitiva, el Amor. Supone la actitud de Disponibilidad que es la verdadera "Plataforma para el Voluntariado", tan necesaria, imprescindible y urgente en esta etapa socio-histórica que estamos viviendo, y con relación a los desgarradores acontecimientos como el que estos días recordamos y re-lloramos... Nos sería necesario desenterrar, en el campo fértil de nuestros sentimientos, ese profundo sentimiento de Comunidad, el que nutre las raíces de cualquier actitud de humanitarismo y solidaridad, que el maestro Alfred Adler había propuesto como básico e imprescindible para compensar la insuficiencia radical de cada persona y para propiciar la reconstrucción individual y colectiva de la naturaleza humana.
Dice una antigua leyenda china que un discípulo preguntó al vidente cuál es la diferencia entre el cielo y el infierno. Y cuenta que el vidente respondió: "Vi un gran monte de arroz cocido y preparado como alimento. En su derredor había muchos hombres hambrientos casi a punto de morir. No podían aproximarse al monte de arroz, pero tenían en sus manos largos palillos de dos y tres metros de longitud. Es verdad que llegaban a coger el arroz, pero no conseguían llevarlo a la boca porque los palillos que tenían en sus manos eran demasiado largos. De este modo, hambrientos y moribundos, juntos pero solitarios, permanecían padeciendo un hambre eterna, delante de una abundancia inagotable. Y eso era el infierno.
Vi el otro monte de arroz cocido y preparado como alimento. Alrededor de él había muchos hombres, hambrientos pero llenos de vitalidad. No podían aproximarse al monte de arroz, pero tenían en sus manos palillos de dos y tres metros de longitud. Llegaban a coger el arroz, pero no conseguían llevarlo a la propia boca porque los palillos que tenían en sus manos eran muy largos. Pero con sus largos palillos, en vez de llevarlos a la propia boca, se servían de unos a otros el arroz. Y así acallaban su hambre insaciable en una gran comunión fraterna, juntos y solidarios, gozando a manos llenas cada uno de los otros y todos de todas las cosas. Y eso era el cielo".
Confieso que si llegáramos a vivir con espíritu de auténtica Solidaridad, tendríamos asegurado el cielo en este mundo...


Monday, March 07, 2005

Esta mañana, tras los días reiterados en los que amanecía lluviosa y llorona, amagan ya las luces y los trinos de la primavera. Yo recuerdo lo que nos dijo el viejo poeta indio R. Tagore, "si lloramos porque se nos ha ocultado el sol, las lágrimas no nos dejarán contemplar el esplendor del cielo estrellado..." Con frecuencia suelo decirme (a mí y a mis pacientes), ante las incidencias cambiantes, las dificultades, los problemas o los retos que nos presenta la vida, que no los miremos como algo terrible e inevitable que se nos echa encima, sino como la oportunidad de sacar, para hacerle frente y superarlo, lo mejor de nosotros mismos..
Como dijo Shakespeare,.. "las cosas que nos pasan no son buenas o malas, sino que las hacemos así con nuestra mente". Lo que es bueno o malo es el uso, para el bien o para el mal, que cada uno hacemos de esas incidencias. Y es una pena que las hagamos malas (lo que no sirve más que para mortificarnos y desalentarnos) en vez de hacerlas buenas, que nos estimula siempre hacia nuevos objetivos, con nuevas esperanzas... La confianza (con razonables cautelas), la ilusión, la audacia, la alegría, la libertad...es lo que de verdad nos hace mejores.

Sunday, March 06, 2005

Lo que más me gusta de la correspondencia por internet es que se presta a intercambios rápidos, escritos a veces sobre la marcha, como transacciones verbales de una misma conversación espontánea y permanentemente ininterrumpida. El tiempo mental o material con que se cuenta, y también el momento vital de la persona, permite a veces extenderse más y otras veces menos. Yo sé que si me propongo escribir premeditadamente "una carta larga" pierdo la frescura y espontaneidad en la respuesta, me paro a esperar tener el tiempo material y la disponibilidad mental para hacerlo y....pueden pasar meses.

Saturday, March 05, 2005

SOLEDAD Y DEPRESIÓN



Os confieso haber llegado, por propia experiencia, a la conclusión de que la soledad no es un mal sino un privilegio. La soledad es un mal cuando resulta forzosa por timidez, por marginación, por pobreza de espíritu, por rechazo de los demás...Cuando es soledad del corazón, desierto vital sin amor.
Creo que fue Kierkegard quien dijo que la calidad de una persona se mide por su capacidad de soportar la soledad. ”Los grajos vuelan en manada. Las águilas vuelan solas” son unas palabras, de una película de Visconti, que encierran una metáfora altiva de la soledad, la de las águilas volando, solas, majestuosas, sobre las cumbres...
Algunos confunden soledad con aburrimiento. Al no poder estar con otros, extraverterse, se encogen sobre sí mismos y se “aburren”, como las plantas en un rincón olvidado.
La experiencia de soledad, mal digerida y mal metabolizada, es uno de los componentes, a veces el determinante, de ese síndrome patológico, tan desgraciadamente extendido en nuestra sociedad actual, que se llama Depresión. Todavía antes del 11 S, a diecisiete millones de estadounidenses se les diagnosticaba cada año “depresión clínica”, y veintiocho millones se medicaban con “antidepresivos”. Desde el siglo pasado, he venido oyendo reiteradamente el clamor profético del maestro Erich Fromm: "Los rasgos de carácter engendrados por nuestro sistema socioeconómico, o por nuestra manera de vivir, son patógenos y a la larga enferman al individuo y, por consiguiente, a la sociedad". La depresión emerge como de una llaga putrefacta del sin-sentido de la vida, y pone de manifiesto la urgente necesidad humana de crear actitudes positivas ante la existencia, de adherirse a objetivos seguros, de participar en un orden de valores dinamizantes, de recomponer modelos de identificación personal que alcen el espíritu hacia niveles superiores, de descubrir al interlocutor válido del diálogo y del amor.
La depresión conlleva, como síntoma y contenido emocional, la imposibilidad de mantener la seguridad en una existencia en la que la persona afectada de depresión se siente sola, desamparada, aterrada, incluso a veces inmerecedora de salvación. Vitalidad fagocitada, corazón yerto, amor estancado: así es la depresión.
Pero lo que yo intento hoy clarificar es que la Depresión se nos presenta a veces como una hidria de dos cabezas: una es seductora, te seduce con sus ojos relampagueantes, te tienta a que te eches en sus brazos, con promesas de cuidados, justificaciones y amparos...Pero por la otra cabeza, te engulle, te devora, te aniquila. Saber defenderse de una sin dejarse seducir por la otra, es una tarea de análisis, clarificación, enfrentamiento y superación necesaria para todos, pero imprescindible y urgente para quienes necesitan reavivar la fuerza dinamizadora de la vida y de la esperanza, cuando, en su andadura vital, se encuentran solos y perplejos entre las ruinas de antiguas convicciones, de pérdidas irrecuperables, de ilusiones malogradas... y se sienten existencialmente “Sin camino”, como el título de la impresionante novela de nuestro recordado Castillo Puche.

Friday, March 04, 2005

A la pregunta que me han hecho sobre lo que significa París en mi biografía, he respondido que París para mí fue, inicialmente, una fascinación. Encontrarme en aquella ciudad, referente de tantas lecturas, tantos estudios de sus escritores y literatos, tantos sueños, sentirme, después de muchos años de enclaustramiento, libre, solo...Me lo repetía mientras deambulaba por sus avenidas y sus calles, "estoy en París", para cerciorarme de que no era un sueño...En mi libro "Viajes hacia uno mismo", escrito con formato de diario, lo intenté reflejar de algún modo: "París. París de mis alargadas nostalgias. En los minutos que a veces, raramente, me quedan libres, entre dos de mis sesiones de psicoterapia, estoy leyendo los episodios y reflexiones del diario de París de E. Jünger, y se despiertan en mí ensueños y añoranzas, que siento que me suben, con una sensación física anegadora, por el pecho y la garganta, y como que se me vayan a desbordar por los ojos”. Esta sensación de emoción casi incontenible la he tenido muchas veces, y todavía, cuando recuerdo aquel año, fue sólo un año, de París:
“... Me recuerdo -¡hace ya casi 25 años!- en la cotidiana rue de Grenelle, por los metros de Sévres-Babylon, por las alborotadas filas humanas de los Campos Elíseos, o sentado en una terraza frente al Hotel Lutecia, iluminado al atardecer, o rebuscando libros en la librería de la esquina Place de la Sorbonne-Boulevard de St Michael... Después de la primera vez que fui a París con Julia, dejé escrito en el álbum de fotos de nuestros recuerdos, aquella sentencia de Hemingway, de "París es una fiesta": "Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te seguirá, toda tu vida, adondequiera que vayas; porque París es una fiesta que nos sigue". Y de 1a última vez que fuimos, con Julia Victoria y sus primas para visitar Eurodisney, he encontrado las notas de un posible relato que después reproduje en mi poema-relato “La viña florecida”: "La última vez que fui a París, dejé olvidada la cámara de fotos sobre un poyete de 1a terraza de Trocadero, cuando el atardecer -ahora puedo recordarlo- cubría de oro los bordes del cielo, y sobre la cabeza alzada de la Torre empezaban a incendiarse las horas pasajeras. París de mis ensueños y de mis emocionadas remembrazas..."
Esto que viene ahora es de otro día, escrito en mi mismo libro-diario, y veo que me repito..."Estoy oyendo mientras escribo el compac de las canciones de Edith Piaf que me regalaron mi mujer y mi hija por el día del padre, “Sous le ciel de París", "La vie en rose", "Non, je ne regrette rien"...Oh, París: Tuve la suerte de vivir en París, cuando mi juventud, y ya París, como escribió Heminway, no me abandona jamás, que el alma permanece siempre en los ensueños (ese es su verdadero ámbito vital)".
En Paraguay estuve también un año. Mi situación vital era distinta: ya no iba como estudiante, sino como profesor de la Universidad de Asunción. También fue una experiencia de muy hondo calado. En el mismo libro mío, “Viajes hacia uno mismo”, hago esta evocación: "He tenido una llamada desde Paraguay. Mis amigos Pedro y Matilde me anuncian que vendrán por aquí hacia finales de Marzo. Nos separan un Océano y veinticinco años desde que estuve allí como joven profesor de Psicología en la Universidad Católica de Asunción, y hemos hablado como si continuáramos la conversación de ayer. Vivimos juntos episodios alegres, encantadores, junto al lago azul de Ipacaraí. Recuerdo a Pedro, ginecólogo de renombre y profesor universitario, en una imagen idílica, rodeado de sus cuatro pequeñas hijas, que ya todas son madres, y a la madre -ya por fin psicóloga- con el más pequeño de todos (ahora arquitecto), quien nos visitó, hace ya para tres años, en su viaje de bodas "..
Hay otras evocaciones en mi mismo libro en las que enlazo estas experiencias de París y de Asunción con Strasburgo: "Me sueño perdido en la vieja Alsacia, en Strasburgo, paseando junto a sus canales o por sus plazas de evocación medieval, balbuciendo una lengua indescifrada que me crece, como en riadas, por las venas, y espiando corazones perdidos, que al roce con el mío hacen saltar la chispa del afecto fulgurante, la comprensión, la amistad pasajera del tiempo y habitante permanente del recuerdo. París, mis soledades caminantes junto al Sena, escudriñando libros y culturas prohibidas en los “bucanistas” y en las abarrotadas librería del Barrio Latino, Plaza de la Sorbona, prisas de metros, apresurados encuentros humanos “sur les trottoirs” de los Campos Elíseos...Asunción de Paraguay, donde mi recuerdo se agazapa a la sombra del lapacho florecido o se expande, de orilla a orilla, junto al lago azul de Ipacaraí, bordeado de mangos ríspidos y de dulces papayas...."

Thursday, March 03, 2005

ENAMORAMIENTO Y LIBERTAD




Anoche volví a ver por Canal Digital la película de M. Streep y Robert de Niro "Enamorarse", y me confirmo en la vital necesidad revisar ese concepto confuso y polisémico que expresamos tan frecuentemente con el sintagma verbal “estar enamorado”. ¿Qué es esa experiencia del “enamoramiento”, frente a la del “auténtico amor”?.
No es infrecuente (y así se expresa en la película) que se oiga hablar de esa experiencia mágica del “enamoramiento” como si se tratara algo inevitable, como un anhelo posesivo, obsesionante y acaparador que sobreviene a algunas personas (a todas, alguna vez) casi por sorpresa, o por arte de magia, como una especie de enfermedad irremediable. Se habla del enamoramiento (y la película lo representa) como de una patología psicopática: una pasión que nos arrastra, nos impulsa incoerciblemente a la posesión devoradora de la persona amada, con una fuerza desatada, arrasadora de la voluntad y de la racionalidad, frente a la que no hay nada que hacer, sino dejarse arrastrar por ella...y que justifica, por lo tanto, todos los comportamientos que de esta “enfermedad de amor” derivan. “¿Qué le voy a hacer? si es que me he enamorado”.
Y quizás no saben que, al hablar así, o al interpretar de ese modo su experiencia endovivencial de amor, están haciendo dejación de responsabilidad, están renunciando a lo único que puede justificar un comportamiento, lo único que dignifica a la persona, y que la realiza en autenticidad como persona: que es el uso de su Libertad. El enamoramiento, así entendido, no es libertad: es apego, es arrebato, es pasión. No justifica a la persona, en cuanto persona, ni la realiza como tal. Ser libre es tener la capacidad y la madurez de asumir decisiones responsables para la propia autoconstrucción en solidaridad. . Ser libre es poder realizar los propios deseos, pero dentro de un sistema jerarquizado de valores que nos habita y ennoblece, de manera que el Yo personal asuma su capacidad de elegir y de renunciar: que son dos momentos esenciales de la actuación en libertad. La inmadurez y, en su extremo, el trastorno psicopático, se manifiestan cuando las funciones psíquicas de autorregulación no están suficientemente integradas para controlar y orientar las reacciones instintivas y pasionales.
Ya he hecho referencia en otras ocasiones al mítico auriga de El Carro Alado de Platón, ese auriga, que representa a la razón, y que dirige a su caballo blanco, que son las emociones, y a su caballo negro, que son los instintos y las pasiones, hacía sus propios objetivos existenciales. Y repito ahora que es esta una lúcida imagen filosófica de lo que constituye al ser humano como autónomo, integrado, realizado y libre. La inteligencia como función reguladora de los instintos, las emociones y las pasiones, encaminándolas al objetivo final de toda dinámica humana, que es la Felicidad. Es lo que hoy se entiende por inteligencia emocional, que es la auténtica función conductora y realizadora del enamoramiento y del amor.
Porque es que el Amor, y el proyecto de vivirlo y compartirlo en una situación estable, permanente y fecunda (“el deseo de envejecer juntos”, como lo definió Albert Camus), no puede subsistir sin equilibrio, autocontrol y libertad. Aunque impulsado por la fuerza del instinto y del apasionado anhelo, se ejerce desde la responsabilidad, se fundamenta en los valores que dan sentido a la vida, y es lo único que nos realiza como personas, en Libertad dignificante y en Plenitud existencial. Lo contrario no es más que inmadurez humana o patología psicopática.

Wednesday, March 02, 2005

Estos son mis libros publicados y dos más que tengo en preparación:

-“La Comunicación Interpersonal" ( 3 ediciones) , Ed. ICCE, Madrid
-"Técnicas Psicológicas de Asesoramiento y Relación de Ayuda", Ed. Narcea, Madrid.
-"Viajes hacia uno mismo" (2 ediciones), Ed. Desclée de Brouwer, colección Serendípity, Bilbao.
-“Seminario de Comunicación y Creatividad” Publicaciones del I.C.E. de la Universidad de Córdoba.
-"La Fantasía como Terapia de la Personalidad" (2 ediciones) Ed. Descléede Brouwer, colección Serendípity, Bilbao.
-"A corazón abierto" Ed. Desclée de Brouwer, colección Serendípity, Bilbao.
-"Psicoanálisis para educar mejor", Ed. Desclée de Brouwer, colecciónSerendípity, Bilbao.
-"Complejo de Inferioridad. Enfoque terapéutico y psicoeducativo" (Compendio de la Psicología Individual de Alfred Adler) Editorial La Buganville, Barcelona.
-"La viña florecida" (poema-relato) Ed. BmmC, Málaga.
-"Valores para vivir y crecer" Ed. San Pablo, Madrid.
-"Anna, mi amiga” (Ensayo biográfico novelado sobre la hija del fundador del Psicoanálisis) Editorial Libros En Red, Argentina.
-“Sigmund Freud. Biografía de un deseo”, Editorial Libros En Red, Buenos Aires. “Juan Ramón Jiménez, un dios desconocido”, Editorial Deauno.com, Buenos Aires.
-“La voz del viento: Cuaderno de recuerdos y añoranzas” (Poemas) Edición privada.
-“La flor, los colores y los ritmos musicales en la Segunda Antología de Juan Ramón Jiménez”, Edición privada.
-“La práctica del Consejo Psicológico” (según Principios y Metodología de Carl Rogers) Editorial Club Universitario ECU, Alicante.
-“Tu personalidad es tu escritura” Editorial Club Universitario ECU. Alicante
EN PREPARACIÓN
-“Los Complejos de tu carácter” (Etiopatogenia y Psicoterapia)
-“Confesiones de un Psicoterapeuta”
De vuelta de un viaje a Madrid, la Sta. Del Control de billetes de Atocha nos advierte de que el “Carnet Joven” de nuestra hija lleva una semana caducado y nos exige, cuando quedan 10 minutos para que salga el tren, que vayamos a las taquillas para pagar la diferencia. Como esto era imposible hacerlo sin perder el tren, le dijimos que queríamos solucionarlo con el Supervisor y decidimos bajar al tren para hablar allí con el Supervisor y pagarle la diferencia y la multa. El Supervisor nos increpó delante de los demás pasajeros y nos instó a que uno de nosotros fuera a la ventanilla, cuando el tren estaba ya a punto de salir. Finalmente, ante nuestra negativa razonada, decidió hacer lo que razonablemente corresponde: cobrarnos él mismo la diferencia del coste del billete. Quise denunciar, solicitando en la estación la Hoja de Reclameciones, la irracionalidad y la intolerancia de tales medidas, emanadas, según afirmaban, “de las instancias superiores”, la falta de respeto y de elemental amabilidad con el usuario, y la desproporción absurda de pretender “solucionar” un problema menor, debido a un simple error humano de tan fácil solución (error tanto nuestro como de la Agencia de Viajes y del Control de billetes de la Estación de Córdoba, donde no nos lo advirtieron), sin consideración con el grave problema familiar, económico y profesional que, de mantenerse en la inicial actitud de prepotencia irrazonable e intolerante, nos hubieran creado.